taller_literario.jpg
 

Las personas que desarrollan un interés por la escritura creativa suelen empezar a explorarla durante la adolescencia. Es una edad en la que la lectura puede influir mucho sobre la formación de la propia identidad, siendo la escritura un paso habitual.

Sin embargo, pocas de estas personas deciden seguir una carrera literaria por varios motivos. Entre estos se destacan la falta de oportunidades, la carencia de guías adecuados, el desconocimiento de gente con las mismas aficiones (es una actividad solitaria) y ciertos hándicaps culturales, como el miedo a mostrar los manuscritos dudando sobre de su calidad.

Aunque mucha gente que permanece en el anonimato tiene talento para la escritura creativa, solo algunos se enfrentan a la opinión de terceros. No obstante, la comunicación a través de Internet ha facilitado ese paso, siendo común esta expresión artística en blogs o redes sociales, sacando a la luz manuscritos que antes se acumulaban en alguna carpeta recóndita.

Mas esto no significa que tomar la decisión de compartir los manuscritos implica asumir la escritura creativa como profesión. Para muchos basta lo que muestran a su círculo familiar o de amigos, o alguna publicación ocasional. Sin embargo, otros querrán indagar más en su afición con el fin de producir una obra literaria digna de un público más amplio.

En cualquier caso, esta necesidad no ha pasado desapercibida para el mercado. En los últimos años ha crecido considerablemente la oferta de carreras de escritura creativa y talleres literarios.

No es la intención de este artículo cuestionar la utilidad de estos espacios para aquel aficionado por la escritura o escritor amateur que desee iniciar una carrera literaria, sino enumerar sus características deseables para diferenciarlos de muchos servicios fraudulentos que han crecido de forma paralela.

La función del taller literario

Cuando se quiere indagar en una afición, lo natural es inclinarse por la comunicación con gente que tenga los mismos intereses. En el caso de la literatura, este espacio suele circunscribirse a los talleres de tipo amateur.

Los talleres amateur siempre han existido en todas las artes y oficios. Consisten en un entretenimiento para la gente a la que le gusta determinada disciplina, pero ya están mayores para volver a los estudios y además no desean profesionalizarse, sino crear lazos de compañerismo y de apoyo para poder disfrutar y compartir su afición. En esta categoría se encuentran los clubes y centros literarios.

Por otra parte, existen personas que buscan opiniones más especializadas para mejorar sus habilidades, por lo cual optan por un taller literario. En tales espacios, generalmente enfocados hacia la narrativa, se abordan tópicos esenciales sobre técnicas de escritura creativa, se realizan prácticas dirigidas y se discuten los manuscritos individuales de manera grupal, bajo la guía de un director. Un gran beneficio de estos talleres es que el asistente tiene la oportunidad de encontrar lectores cero (algunas veces llamados lectores beta) dispuestos a leerle y darle una opinión más objetiva sobre sus textos.

Gracias a la oferta actual los talleres literarios, institucionales o comerciales, los escritores amateur pueden obtener herramientas para identificar sus puntos fuertes, así como para diferenciar textos mediocres de aquellos que pueden tener un mayor impacto en la máxima cantidad de lectores posibles. Sin embargo, este servicio debe cumplir al menos con dos requisitos para garantizar su pertinencia:

  1. Experiencia. El director del taller debe contar con publicaciones, conocimientos lingüísticos y literarios demostrables, así como suficiente trayectoria en la enseñanza de estas materias.
  2. Beneficios en la técnica. El taller debe demostrar, ya sea mediante un programa o la experiencia en casos, un beneficio real al asistente en el desarrollo de sus habilidades literarias, en la búsqueda de su propio estilo. Es lo que lo diferencia de un taller amateur.

La escritura amateur vs la escritura profesional

Aunque un escritor es todo aquel que tenga ante la sociedad una obra escrita publicada, ya sea en forma de libros o de publicaciones periódicas (impresas o digitales), la palabra escritor indica siempre una constancia en esta labor.

De esta forma, un escritor aficionado o amateur escribe constantemente por gusto o para aprender las técnicas de este oficio, sin esperar ninguna retribución a cambio, aunque eso no excluye metas más ambiciosas. En cambio, el escritor profesional espera algún tipo de reconocimiento por un trabajo mucho más elaborado.

Quizás muchos escritores amateur asisten a talleres literarios por curiosidad, pero la mayor parte ambiciona aprender a producir una obra aceptable en términos editoriales. Para algunos pesará el éxito comercial, mientras que para otros el éxito de la crítica.

En cualquier caso, no se debe acudir a los centros literarios con falsas expectativas. Tanto producir una novela comercial de aventuras como una obra literaria más profunda requieren de un esfuerzo que va mucho más allá de dos horas semanales:

  1. Lenguaje. La literatura está hecha de lenguaje y estudiarlo es un imperativo de por vida.
  2. Lectura. Se debe leer mucho y no sólo obras literarias. Los grandes escritores han sido personas con una amplia cultura universal gracias al hábito de la lectura, que por lo demás incluye largas investigaciones sobre los temas que tratan.
  3. Práctica. Se deben ejercitar las técnicas literarias hasta encontrar el estilo más adecuado para expresar de manera original las ideas. Eso sólo se aprende escribiendo, contrastando, corrigiendo y desechando en grandes cantidades, porque se trata de encontrar una voz propia. A esto debe agregarse que el ritmo de la producción, perfeccionamiento y reconocimiento de los manuscritos puede ser muy lento, y en algunos casos, inclusive no disfrutarse en vida.
  4. Revisión. Se debe tener un círculo de lectores críticos de confianza, para tarde o temprano recurrir a la opinión especializada. Esta labor se puede iniciar en el taller, luego con un profesional en corrección de estilo, para posteriormente adentrarse en los informes de lectura y dictámenes editoriales.

El contexto editorial en tiempos de la autopublicación

Antes de enumerar los peligros que elegir un taller literario de calidad cuestionable o ligado a prácticas editoriales fraudulentas, conviene repasar el contexto editorial de nuestro tiempo.

Durante los últimos años, la creciente accesibilidad tecnológica del proceso de publicación (software, formatos electrónicos e impresión láser) ha impulsado tanto a pequeños editores independientes como a las grandes plataformas de autoedición, mostrándose como alternativa a los grandes grupos editoriales y sus criterios de selección. A esto debe sumarse el hecho que las redes sociales facilitan cierta autogestión comercial independiente.

En el caso de un pequeño editor o autor-editor, este panorama le permite la conformación de un público leal y la posterior promoción de una obra entre el mismo. Se puede suponer que con ello aumentan las oportunidades para que se publiquen y promocionen las obras de buenos escritores desapercibidos o rechazados por las editoriales tradicionales. Y efectivamente así es. Pero también las de todos aquellos escritores que jamás aprobarían los criterios mínimos de calidad de cualquier editor responsable.

En síntesis, ha surgido una nueva forma de mercado literario, con sus pros y sus contras. Pero hay una diferencia muy grande entre los tiempos de Aldo Manuzio y los de Amazon. Actualmente no existen restricciones editoriales para quienes estén determinados a publicar y que además desean proyectarse directamente como escritores a través de las redes sociales.

Este ímpetu se alimenta por la aspiración a convertirse en un superventas  — con la esperanza de obtener un gran contrato editorial —  que sólo unos pocos autores independientes consiguen. Aunque esto ha sucedido desde siempre, anteriormente las editoriales solían contener esta avalancha de textos entusiastas con errores mayúsculos, mientras que hoy son parte del mercado.

No obstante, debido a que las facilidades tecnológicas son neutrales, los servicios editoriales independientes de corrección de estilo, maquetación, impresión bajo demanda, publicación gratuita a cambio de un porcentaje de las ganancias o mercadeo a través de redes sociales han sido sumamente beneficiosos para quien desee publicar un trabajo digno, o aquellas organizaciones que necesiten de ediciones pequeñas y de calidad.

Mas existe un sector de servicios editoriales que trata de aprovecharse de este público de formas fraudulentas.

Los servicios fraudulentos de creación de escritores

En la actualidad existen condiciones editoriales ventajosas tanto para quienes deseen publicar y distribuir textos cuidadosamente trabajados entre un público, así como para quienes simplemente desean mostrar una obra impresa sin mayor atención sobre su calidad o pertinencia.

Lamentablemente este último grupo comprende el mercado objetivo de una serie de servicios editoriales fraudulentos, cuyo común denominador es la promesa de formarlos de manera expedita como escritores y certificarlos mediante un publicación. El ímpetu por publicar suele ser el factor determinante. Existen muchas modalidades de estas prácticas abusivas, en donde el taller literario sirve como gancho:

  1. Talleres literarios impartidos por escritores sin preparación. En muchos casos  — además de los fines monetarios —  los talleres literarios se utilizan para promocionar la obra o el estilo de su director, sacrificando su imparcialidad. Sobra decir que no existe ningún interés en la búsqueda del estilo personal del asistente. Comúnmente se vinculan a una editorial que busca rentabilizar a los asistentes como autores o consumidores de sus libros, con casos como los que se verán a continuación.
  2. Editoriales que cobran a sus autores y se dejan sus derechos. Si una editorial publica una obra adquiriendo sus derechos comerciales, no tiene motivos para cobrarle al autor. La alternativa se llama coedición, que consiste en compartir los gastos editoriales con las ganancias. Sin embargo también es un tema controvertido, ya que la negociación del contrato editorial casi es equivalente a contratar servicios editoriales independientes.
  3. Ediciones-estafa. Esta modalidad está muy extendida. Consiste en una pequeña editorial que ofrece a un escritor la publicación de algunas centenas de ejemplares de su obra. Sin embargo, publican un lote de entre 100 y 200 ejemplares como un supuesto anticipo para la presentación del libro. El autor debe venderlos o comprarlos. Con el dinero recogido la editorial recupera la inversión y obtiene una ganancia. El resto de los ejemplares desaparecen como lágrimas en la lluvia, junto con ellos.
  4. Concursos amañados con el fin de vender antologías. Los concursos de relatos que incluyen la publicación de una antología con sus finalistas son justos. Los ganadores reciben una remuneración económica o en especie, los autores hacen currículo y el editor garantiza un número mínimo de ventas. Sin embargo abundan las denuncias de ganadores fantasma en concursos de editoriales… también fantasmas. Suelen organizarse por un mismo grupo que cambia de nombre con regularidad y vende sus antologías únicamente a través de Internet, lo que los hace difíciles de denunciar.

Se debe recordar que aunque publicar es el paso de exponer una obra al público y presentarse como escritor, el compromiso con ese trabajo es lo que sostiene durante el tiempo el reconocimiento de su valor literario. Y esto tampoco tiene que ver con su éxito comercial. En muchas ocasiones el mismo le llega primero a las obras mediocres, e incluso a las decididamente malas.

El caso del taller de poesía

El taller de poesía merece un comentario aparte, porque es un espacio en donde muchas prácticas de engaño  — y auto engaño —  se presentan con más regularidad.

Al igual que los talleres literarios enfocados en la narrativa, los talleres de poesía funcionan como espacios de aprendizaje gracias a la comunicación entre sus asistentes, con un director que propone y modera los temas, actividades y comentarios. Mas la fortaleza del taller de poesía reside en la ronda de opiniones, debido al carácter tan marcadamente subjetivo del género.

Sin embargo, este tipo de taller presenta una problemática muy singular. Por un lado, muchos escritores amateur piensan que la poesía presenta menos dificultades que la narrativa para conseguir una obra mínimamente aceptable y digna de ser publicada.

Por otro lado, y en consecuencia, muchos talleres de poesía fomentan la adopción de un estilo plano de escritura, caracterizado por una temática banal y el rechazo a los grandes recursos poéticos, usualmente vendido con un halo de innovación, contracultura o vanguardismo. Como resultado, el asistente tiene la percepción de un progreso veloz, debido a que realiza un menor esfuerzo. La necesidad de reconocimiento de muchos poetas jóvenes alienta mucho este tipo de engaños.

Pero la dedicación seria al oficio de la poesía dista mucho de estas concepciones. Cualquier poeta que desee tomarse en serio este género debe asumir la dificultad de sus compromisos:

  1. Leer mucho. La historia de la poesía es antiquísima. Solamente entender sus principales rasgos y evoluciones lleva un gran estudio, así como leer a los grandes poetas. Con una hora semanal, se necesita al menos cinco años para conseguirlo. Tener un buen bagaje de lectura es importante para ser poeta o simplemente para no repetirse.
  2. Dominar la versificación. La poesía tiene reglas propias que también han evolucionado, pero un poeta debe dominar al menos la métrica versal, los ritmos básicos y los recursos más importantes, tales como las metáforas, los paralelismos y las reiteraciones, comprendiendo su influencia en el ritmo. Esto puede demorar perfectamente otros dos años.
  3. Analizar las escuelas, estilos y objetivos de lo poético. En estos temas hay bastante polémica y debate, pero es la única guía hacia la adquisición de un gusto. Quizás esto tome otro año más. Y finalmente lo más importante: encontrar la propia voz. Lo malo que hasta este punto y aunque el poeta se haya curtido tanto, puede que no la encuentre jamás.

Un director que no domine estos aspectos será incapaz de aportar o moderar una opinión valiosa, con el riesgo de que los comentarios se carguen de prejuicios o devolución de cortesías, incidiendo negativamente sobre búsqueda de la voz personal del asistente.

Esto no quiere decir que no existan talleres con una orientación estilística determinada, la cual se asume en la oferta. Sin embargo, es muy común el esconder la improvisación o la falta de preparación bajo el nombre de talleres experimentales u otras ambigüedades, que de inmediato levantan sospechas, con el fin de aumentar la matrícula.

El interesado en estos servicios debe informarse sobre la experiencia de otros asistentes, pero sobre todo reflexionar sobre sus propias expectativas con la poesía y lo que puedan o no aportarle estas ofertas editoriales. Por lo demás, los riesgos de prácticas fraudulentas vinculadas a estos talleres son los mismos que ya se han enumerado.

Comment